jueves, 16 de abril de 2009

“La noche de Sofía”

Atrevida, coqueta y sexy es aquella joven de aproximadamente 18 años. Lleva puesto un corto vestido naranja, el cual apenas cubre un tercio de sus poco soleados muslos. De su delgado cuello cuelga un collar de perlas del color de la tierra aún húmeda, el cual llega un poco más abajo de sus pequeños senos.

Es una noche de sábado, el cielo está despejado. Fernando, un joven robusto, no tan alto y con unos alborotados rizos muy singulares, lleva los embutidos para asarlos. Al poco tiempo Andrés, su primo, un joven alto y delgado se acerca para ayudarlo y así inicia la celebración del cumpleaños número veintiuno de Fernando.
Son las 21:30 y ya han llegado la mayoría de invitados. Mientras Andrés se encarga de la parrillada, Fernando bebe una y otra cerveza con sus amigos. De pronto Sofía, la chica del vestido naranja, se acerca hacia uno de los amigos de Fernando, lo toma de la mano y lo lleva hacia la sala. Las luces se apagan, la música suena tan alto que las paredes retumban.
Sorpresivamente Sofía se mueve muy sensual y provocativa, lo cual asombra a los asistentes; las chicas se incomodan y los hombres disfrutan al mirarla. Su cuerpo se contornea muy eróticamente tras el ritmo del reggaetón mientras sus manos juegan con el vestido, levantándolo poco a poco, dejando al descubierto todo lo que una pequeña tanga no puede cubrir.
De rato en rato el aroma de la parrillada se deja percibir en la sala. Es un vaivén de exquisitos olores que incita a salivar entre los presentes y los invita a saborear uno que otro trocito de los deliciosos salchichones.

Andrés termina de asar los embutidos, un olor penetrante despierta el apetito de los invitados. La música se vuelve más suave, bajan el volumen del equipo, y al ritmo de una salsa romántica se dirigen al jardín en donde les espera un apetitoso asado. Sofía también para de bailar, se muestra mareada a causa del licor, trata de mantener el equilibrio pero no lo logra. Los estragos del alcohol hacen su efecto y le obligan a apoyarse en la pared para evitar caerse. Retira uno de los platos y va en busca de su comida. El sabor ratifica el aroma. Así lo confirma alguno de los comensales: “Andy, qué buena sazón tienes” Y los demás, sin abrir su boca, sin decir palabra, asienten con la cabeza y dejan escuchar un “mmmmmmm” de disfrute.
Satisfechos, abandonan el jardín y van en busca de la música que suena con mayor fuerza que antes. Sofía no es la excepción. Unos cuantos tragos y se alborota aún más. Ahora, sus movimientos son realmente seductores.
Si para unos es un goce y un deleite, para otros es una molestia. ¡Aquí ya se perdió el respeto! Se escucha entre los varones.
Sofía muy acaramelada se acerca a Diego, uno de sus amigos, y mientras bailan, sus cuerpos muy pegaditos rozan el uno con el otro; un piquito por aquí, otro por allá. Él acaricia su cintura, ella se acerca, lo abraza y de repente un beso sumamente apasionado llama la atención de los amigos que reunidos alrededor de ellos dejan escuchar :¡yyyyyy!.
A poca distancia de Sofía, otra joven de aspecto más discreto y decoroso, muy enfadada agarra de un solo tirón su cartera y sale hacia el patio; uno de sus amigos sale tras ella y la abraza, como tratando de calmarla.
Los minutos transcurren. Tanto Sofía como Diego están ebrios. Son las dos de la mañana, y tomados de la mano se encaminan hacia uno de los cuartos de la casa de Fernando. No es difícil advertir que la noche es larga, apenas si empieza…

miércoles, 16 de julio de 2008

La objetividad (clase de Amelia Rivadeneira)
“La objetividad periodística: una pretensión tan desmedida como la de aprisionar el reflejo de las aguas de un río, que en un instante son y en el siguiente dejan de ser. Sin embargo, esa objetividad es la garantía que el lector busca para poder creer.” Javier Darío Restrepo
El conocido texto de Heráclito sobre el hombre que no puede bañarse dos veces en el mismo río, porque sus aguas en movimiento constante hacen que el río vaya cambiando cada instante, es una comparación muy acertada para describir la tarea que tiene el periodista.
Los hechos de la vida diaria, que son la materia esencial de la información periodística, son tan cambiantes como las aguas de un río. Pretender la objetividad total es tanto como creer que es posible capturar y congelar el instante que huye. El mismo hecho, observado por distintos periodistas, recibe tratamientos y versiones diferentes y, además, en las sucesivas ediciones de un periódico o en las emisiones de un noticiero, tiene que ser complementado, corregido, aclarado o rectificado, hasta el punto de que el periodista llega a contemplar las suyas como verdades provisionales.
Según Amelia Rivadeneira, docente de la Universidad de las Américas, la objetividad es la capacidad de argumentar lo que estamos diciendo, con documentos, testimonios, entrevistas, versiones, etc. Para ella se debe tratar a la objetividad mediante verdades periodísticas, que sean válidas y puedan ser argumentadas; las mismas que deben contener una información de calidad basada en ideas que sean útiles para la sociedad(importantes y necesarias). “El buen periodismo debe informar bien, claro, preciso y contextualizado. La prensa debe ir formando las verdades de la sociedad”.Todos los seres humanos tenemos derechos, y estos nos dan la capacidad de pensar y discernir y la única manera de ejercerlos es con información (hechos), los cuales puedan ser sustentados; por lo tanto los ciudadanos tenemos el derecho a la libertad de expresión, el cual desde el periodismo debe ser entendido como el derecho de la ciudadanía a recibir información certera, y que pueda ser argumentada.

“Cuando la información parte de un conocimiento exacto y cierto, de una reflexión consciente y de una rectitud intachable de intenciones en esto consiste la imparcialidad, o la absoluta objetividad" dice Luka Brajnovic.

Partiendo desde el hecho de que los periodistas son seres humanos, y por lo tanto siempre van a existir niveles de subjetividad, no se puede asegurar que puede existir una objetividad total. Desde la elaboración de la agenda aparece la subjetividad, ya que se escogen las noticias que van a ser informadas, y así como dice la filósofa española Victoria Camps: "informar no es tan distinto de opinar, o por lo menos, interpretar. Decidir cuál ha de ser el objeto de la información es dar una opinión. Decidir la forma -la extensión, la imagen- que debe tener la información, es manipular la realidad". Porque, agrega Camps "no se informa sólo por informar. El informador elige una información y elige, a su vez, el público al que la dirige. Nadie habla en el vacío".

Es por esto que cada periodista debe tratar de ver a la objetividad como el tratar de acercarse lo más a posible a la verdad, apoyado en hechos empíricamente verificables, y que además puedan ser argumentados. Para esto la contrastación y equilibrio de fuentes junto con la contextualización nos serían de mucha ayuda para tratar de ser lo más “objetivos” posible; tomo unas palabras de Tuchmann en las cuales hace referencia a la contextualización y su importancia al informar; no solo para el ciudadano, sino para el reportero también: "las citas son la protección del reportero contra la calumnia y el libelo, y la ilusión retórica de fidelidad encuentra aquí su correlato social en la veracidad de la representación."