miércoles, 11 de noviembre de 2009

Un lugar de encuentros mortales

Eran a penas las nueve de la mañana del domingo y a la morgue de Quito ya habían llegado 15 cadáveres. “Esta vida es un asco”, decía Susana con acento colombiano, mientras intentaba secar sus lágrimas con un pañuelo. Nada lograba calmarla. Ella lo había presentido, sabía que su esposo no regresaría aquella noche.

Así como ella, varias familias esperaban entre lloros y lamentos los resultados para poder retirar los cuerpos de sus fallecidos. Suicidios y accidentes de tránsito eran la mayor causa de fallecimientos.

Mientras tanto, los cuerpos sin vida yacían sobre las frías latas del lugar. Completamente desnudos, tornándose amarillentos, reposaban los cadáveres de los tres jóvenes que murieron a causa de la imprudencia de un chofer alcoholizado. Entre ellos estaba Luis Villavicencio, esposo de Susana.

El joven, de 27 años, fue uno de los desafortunados. Su rostro estaba totalmente desfigurado, las heridas eran profundas y descubrían ciertas partes internas del cuerpo. Su abdomen partido en dos daba el indicio de que él era quien conducía el automóvil. El volante se había incrustado entre sus víceras.

Durante la autopsia, solo se escuchaban voces de los médicos susurrando diagnósticos. El olor a formol invadía la sala e incitaban al vómito a quienes no estaban acostumbrados a percibirlo. Una brisa escalofriante hacía aún más impactante aquella escena.

Villavicencio y sus amigos fallecieron la madrugada del sábado. Salían de su trabajo en la procesadora de alimentos Pronaca. Por razones desconocidas detuvieron el automóvil en la avenida Occidental, frente al Centro Comercial El Bosque, cuando repentinamente recibieron el fuerte impacto de un camión que iba a exceso de velocidad. El camionero estaba alcoholizado.

Ecuador es el cuarto país en el mundo donde los accidentes de tránsito se convierten en la principal causa de muerte. Quito es una de las ciudades más peligrosas, según la organización Justicia Vial.

El camión se volcó, pero a su conductor no le ocurrió nada. Al llegar la Policía detuvieron al chofer y fue llevado al retén, donde esperaba que se dictara la sentencia que cambiaría radicalmente su vida. La Ley de Tránsito castiga hasta con 12 años de prisión a quien arrebata una vida por manejar tomado.

Luis era oriundo de Ibarra y su esposa solo deseaba poder llevarlo lo más pronto posible.

Mientras tanto, en los patios de la morgue se vivía un ambiente tenso. Un grupo de colombianos llegó preguntando por José Ayala. Había desaparecido hace dos semanas y varios vecinos les habían comentado que deberían ir a buscarlo allí.

Efectivamente lo encontraron. El colombiano fue asesinado el martes 13 en Calderón. Había recibido más de 10 puñaladas y de un solo estirón, separaron su cabella del resto de su cuerpo: lo habían degollado.

El caso fue muy atendido por los medios, pero aún así solo dos semanas después fueron a reclamar su cadáver.

Los familiares de Ayala trataban de averiguar qué fue lo que le sucedió, pero nadie sabía darles razón. Los foresnes les pidieron que esperen hasta las 14:00, hora en que llegaría el director de la morgue.

Así transcurrieron las horas, ya era el medio día y seguían llegando más cuerpos, al parecer el día iba a ser largo, apenas empezaba. La espera de Susana solo alimentaba su dolor, pues una mala decisión de su esposo, le costó su vida y se llevó consigo a sus dos a migos.

miércoles, 28 de octubre de 2009

Un festejo adelantado

La multitud está conmocionada. Gritos, saltos y festejos demuestran la felicidad que viven los hinchas. Levantan los brazos desesperadamente para tratar de expresar su alegría, mientras gritan al unísono “Ecuador, Ecuador, Ecuador”.
El primer gol se lo vive intensamente, aún no terminan de festejarlo los ecuatorianos cuando de pronto se da el segundo, gol que pondría fin a la alegría de los ecuatorianos ya que se trataba de un tanto uruguayo.
Hombres y mujeres vestidos de los colores de la selección: gorros, banderas, silbatos, todo está listo para apoyar a la Tricolor. Uno a uno van entrando a la sala del Complejo de Médicos, en donde previamente se preparó la pantalla gigante. Con sus grandes vasos de cerveza a la mano, tratan de escoger el mejor sitio y los mejores puestos para poder ver el partido.
Inicia el cotejo y unos cuantos aplauden como alentando a los jugadores y felicitando el posible triunfo. Se advierte el entusiasmo que existe en la sala, ya que mientras realizan las primeras jugadas, el optimismo se apodera de los presentes mientras uno que otro grita: “vamos Ecuador”. Son varios los intentos de gol por parte de ambos equipos, pero ninguno anota el tanto que abrirá el marcador.
Todos están a la expectativa del primer gol. Unos ya angustiados, otros ansiosos y unos cuantos confiados. Con cada acercamiento del equipo ecuatoriano se observan los gestos de esperanza y al mismo tiempo de indignación al no concretar la jugada. Y así entre la ilusión y la rabia termina el primer tiempo de este penúltimo partido que se juega por las eliminatorias al mundial Sud África 2010 en el Estadio Olímpico Atahualpa.
Los minutos transcurren y la gente aprovecha para ir a tomar aire al gran balcón que se encuentra en una de las esquinas de la sala. El medio tiempo está por terminar así que nuevamente todos regresan a sus puestos para ver el partido.
Tras la salida de uno de los mejores volantes de marca del Ecuador, Cristian Noboa, se da el ingreso del joven jugador del Villarreal de España, Jefferson Montero. En una demostración de sus habilidades, logra desbordar la marca despegándose del defensa uruguayo, colocando un centro preciso al segundo poste para que Antonio Valencia concrete el primer gol del partido a los 67 minutos.
Segundos después, todos consternados tras el empate de Uruguay no hallan palabras para describir lo que está sucediendo. Vino tras un pase a fondo para el delantero Diego Forlán, el cual puso un pase directo al centro del área para que su compañero Luis Suárez anote el primer tanto de la selección uruguaya y así concrete el empate ante la impotencia del portero ecuatoriano.
Los hinchas están anonadados, algunos ni siquiera se percataron cuando la selección charrúa metió el gol del empate, las caras de sorpresa son notorias en aquel salón, los gestos de disgusto no faltan en los rostros de los asistentes. Así transcurrieron los minutos restantes, esperando cambiara el marcador.
Un penal a favor de la Tricolor no es cobrado, y mientras Ecuador está volcado al ataque, la zaga uruguaya rechaza un balón que es bien aprovechado por sus delanteros, jugada en la cual se genera un penal, el cual se convertiría en el segundo tanto de la selección albiceleste.
Así terminaron los 90 minutos de juego, sufriendo tras algunas jugadas, para terminar con un dos a uno a favor de Uruguay.
Al final del encuentro cada hincha lleva una imagen de lo que fueron aquellos momentos, pero sin más vuelven a la cotidianeidad de su vida, unos ya mareados por el licor consumido durante el cotejo, otros comentando sobre las mejores jugadas y los errores cometidos por el director técnico y el árbitro, y otros ya retirándose a casa con la gran desilusión de la pérdida sin mencionar ni una sola palabra.